El pueblo de Villarroya del Campo se asienta al pie de un pequeño relieve en la confluencia de los arroyos Orcajo y Villarroya. Los primeros pobladores de este estratégico enclave fueron los celtíberos que en torno al siglo V antes de Cristo, situaron un poblado en la parte alta y plana del relieve, al igual que hicieron en otros muchos lugares en el Campo de Romanos y la comarca del Jiloca. Se trataría de un conjunto de pequeñas construcciones de barro rodeadas de una muralla defensiva a base de grandes piedras toscamente trabajadas. Para aislar el asentamiento y aumentar el carácter defensivo del relieve los celtíberos excavaron un gran foso en la roca. Este foso ha sido posteriormente utilizado por los habitantes de Villarroya del Campo como camino y para excavar cuevas y guardar el ganado. El acceso al poblado se situaba probablemente en su lado suroeste, en un camino que aún hoy puede ser distinguido que pasa por debajo del actual depósito de agua. El paisaje del término municipal por aquel entonces lo podemos imaginar muy diferente de cómo es hoy en día. El Campo de Romanos era un bosque continuo de carrascas y rebollos, con pequeñas manchas de cultivo abiertas en las vegas, que son las zonas más fértiles.

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